lunes, 23 de mayo de 2011

En algún lugar...

Podríamos partir de lo que sea, una botella de vino –ojalá Syrah- , un golpe de viento en el tejado, tu casa o la mía, el jardín donde te besé, un grito de los amantes, nuestra primera foto, tú inenarrable por tu hermosura, yo con mi sombrero, el poema del Cuervo.
El riesgo está en eso, en que podemos partir de cualquier cosa pero después hay que llegar, no se sabe bien a qué pero llegar.
Llegar no se sabe bien a qué, y el problema está en que algún día o una hora final te des cuenta que bebiste, fumaste, caminaste, leíste, volaste corriste, quisiste, amaste, esperaste, soñaste, luchaste, gritaste,  entonces, entre tus brazos tendidos en el último suspiro, el beso de la mujer que amas, un premio literario o un perro con cancha que te rompe el alma y te impide ser feliz.
En vez del gato, en vez de la vida, en vez de una respuesta con fragancia a orquídea, ojos cafés de mujer, baba de cachorro o simplemente un sentimiento del beso a la mujer que amas, de novios en torno al fuego, de un rock que sin énfasis abrevia la suma de los actos, la infortunada sublime saga de ser novios, de ser hombre.
No hay perorata del método, hermano, todos los planos mienten salvo el del corazón, pero en qué lugar se encuentra el norte en este corazón vuelto a los rumbos de la vida, dónde el oeste, dónde el sur. En qué lugar estará el sur en este corazón magullado por la parca, debatiéndose entre cerdos de uniforme y horarios de clase, entre amores de interregno y duelos despedidos por tarjeta.
Dónde está la autopista que lleve a un Machu Picchu sin llamas y alpacas, a un París sin libros, a una vida sin ti, sin ella, como te llamo en lo que escribo, novia mía; dónde está el sur libre de aves, del carpintero negro, el viento de la costa sin cenizas de uranio. Dónde está el sur sin ti, Natalia, novia mía….
No serviría mirar en torno, no hay dónde ahí afuera, apenas esos dóndes que te inventan con dibujos y promesas. El dónde es una quimera secreta, el dónde, eso que en la oscuridad te sume en la maraña turbia de las pesadillas donde quizás un camarada muerto o una mujer perdida al otro lado del Sena y de nieblas te incitan mansamente a la peor de las abominaciones, a la perfidia o a la resignación, y cuando surges de ese lodazal glutinoso con un grito que te tira de este lado, el dónde estaba ahí, había estado ahí en su contrapartida absoluta para mostrarte el camino, para guiar esa mano que a partir del día de hoy solamente buscará una copa de vino y un cigarrillo, porque el dónde está aquí y el sur es esto, la carta con los trayectos en esa sacudida de angustia que te sube hasta la garganta, mapa del corazón, como diría Cortazar, tan pocas veces escuchado, punto de partida que es llegada.

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