Natalia, es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano.Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, el viento las sacude con sus viajeras manos.Innumerable corazón del viento latiendo sobre la tristeza de tu alma.Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, como una lengua llena de guerras y de cantos.Viento que lleva en rápido robo el insulto de un ser al cual creías conocer.Viento que te derriba en ola sin espuma y sustancia sin peso.Se rompe tu alma y se sumerge su volumen de besos combatido en la puerta del viento del verano.
Pero Natalia, recuerda las tardes que serán y las que han sido son una sola, inconcebiblemente. Son un claro cristal, solo y doliente, inaccesible al tiempo y a su olvido. Son los espejos de esa tarde eterna que en un cielo secreto se atesora. En aquel cielo están el pez, la aurora, la balanza, la espada y la cisterna. Uno y cada arquetipo. Así Plotino nos enseña en sus libros, que son nueve; bien puede ser que nuestra vida breve sea un reflejo fugaz de lo divino. La tarde elemental ronda la casa. La de ayer, la de hoy, la que no pasa.
Ahora Natalia, la noche te impone su tarea mágica. Destejer el universo, las ramificaciones infinitas de efectos y de causas, que se pierden en ese vértigo sin fondo, el tiempo. La noche quiere que esta noche olvides tu nombre, su nombre y sus ofensas, tus mayores y tu sangre, tu adversa mañana, cada palabra humana y cada lágrima, lo que pudo enseñarte la vigilia, el ilusorio punto de los geómetras, la línea, el plano, el cubo, la pirámide, el cilindro, la esfera, el mar, las olas, tu mejilla en la almohada, la frescura de la sábana nueva, los jardines, los imperios, los Césares y Shakespeare, y lo que es más difícil, lo que amas. Curiosamente, una palabra puede borrar el cosmos y erigir el caos.
Finalmente, Natalia, esas cosas pudieron no haber sido. Casi no fueron. Las imaginaste en un fatal ayer inevitable. No hay otro tiempo que el ahora, este ápice del ya será y del fue, de aquel instante en que la gota cae en la clepsidra. El ilusorio ayer es un recinto de figuras inmóviles de cera o de reminiscencias literarias que el tiempo irá perdiendo en sus espejos. El que ayer te humilló, el que no es nadie, el que no merece ser mencionado por ti, y esa tarde inasible que tristemente fue tuya son en su eternidad, no en la memoria.
Natalia, te he escrito este pequeño poema (partes mías, otras del maestro Borges, otras de Neruda y quizás de Benedetti) que tu podrás llamar como quieras, pero en el cual quiero expresarte lo conmovido que me dejó tu triste historia de hoy. Quizás yo exagere un poco, pero me hiciste recordar lo que se siente estar solo en los momentos más difíciles. Espero, como siempre suelo decir, que no tomes esto de una mala manera, que sepas que quiero compartir este poema contigo de una buena manera. Si te preguntas porqué lo hago debo confesarte que yo, ciertamente, no lo sé. Quizás sea tu profundo amor hacia los animales lo que me impulsa a escribirte esto para que no estés mal; quizás sea porque creo que eres una buena persona que no merece un trato como el de hoy; quizás sea porque, al convivir desde muy pequeño con mi mamá, no tolero las ofensas hacia las mujeres y me impulsa a apoyarlas incondicionalmente; quizás sea porque por una experiencia parecida, sé que se siente que un amigo te ofenda y nadie diga nada; o quizás sea por todo lo anterior. Sea la razón que sea, espero este pequeño texto te suba el animo y te enseñe que a olvidar el inasible y deslucido día que tuviste.
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